
Y no me apuro, porque sé qué esperas y porque yo he esperado también, y no me apuro porque tengo el tiempo del mundo, el tiempo que una vez te di a ti, ahora a mí me sobra, y no me apuro…
Sigo escuchando la misma música solo que ahora suena diferente, he dejado las carnes, me hacen daño, he dejado el tabaco me recuerda a otras bocas, he dejado los esmaltes de color, me dañan los ojos, he dejado de pensarte hace mucho, me hacías daño, he dejado de mirar tus fotos hace mucho también (no tengo ninguna) hasta hace poco había olvidado tu nombre, tus palabras, y hasta tus letras, había olvidado cómo suena tu seis letras en mis labios y hasta me atreví a pronunciar tu nombre completo, se me escarapela el cuerpo, la sola idea de verte me desequilibra, y no sé como tomarlo, la posibilidad de hablarte me confunde, la idea de olerte me atormenta, por estos días eres un pensamiento recurrente sobre todo cuando viajo, sobre todo cuando cruzo la calle y me das miedo, no sé si recordarte con ternura o llorar cuando lo hago, no sé si querer “revivir” esos tiempos o querer desterrarlos para siempre de mi vida, no sé si romperme el cuello mirando para atrás o seguir para adelante con mi vida sonriente y feliz como hasta hace unos días…
¿Qué siento?
Pues no sé que siento.
¿Qué si te quiero?
Tengo miedo de mi propia respuesta.
¿Qué si te perdono?
Hace mucho que lo hice.
¿Qué si te recuerdo?
Por estos días así es.
¿Qué si te he olvidado?
Como podría recordarte, si antes no te olvido.
Me atormento, me respondo, me pregunto, me daño, me ignoro, me lastimo, me “recuerdo” a mi misma y me doy miedo, me quiero, me amo, me adoro, soy yo antes que nada, antes que nadie, antes que tú, ¿Qué quien me enseño eso? Pues tú, fuiste tú, he cambiado demasiado, y aun demasiado sigue siendo poco…
Esas palabras me tranquilizan…
Ay Ximena
“y esta racha de amor
sin apetito.
Los besos que perdí,
por no saber decir:
“te necesito”